Nuestro estudio se basa en el texto de 2 Timoteo 4:1-4:
«Te encargo solemnemente, en la presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, por su manifestación y por su reino: Predica la palabra; insiste a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos».
La predicación de la Palabra de Dios se ha deslizado y ha caído de su lugar prominente, otorgado por las Escrituras y que le pertenecía de pleno derecho. Un grupo de evangélicos calvinistas denominados Together for the Gospel [Juntos por el evangelio] han reconocido esta situación. Cuentan con un documento titulado Afirmaciones y negaciones y en este escrito podemos encontrar lo siguiente: «Afirmamos la centralidad de la predicación expositiva en la iglesia así como la imperiosa necesidad de una recuperación de la exposición bíblica y de la lectura pública de las Escrituras en nuestra adoración a Dios». Esta es su afirmación que va seguida por esta negación: «Negamos que la adoración que honra a Dios pueda marginar o descuidar el ministerio de la Palabra que se manifiesta a través de la exposición y de la lectura pública. Además, negamos que una iglesia que carezca de la predicación bíblica verdadera pueda sobrevivir como iglesia evangélica».1 Yo estoy de acuerdo con su declaración y su observación en cuanto al actual estado de las cosas, que provoca unas declaraciones como estas. Por este motivo, me gustaría exponer el tema que he titulado: «La predicación ocupa un lugar central en la adoración».




