Reflexiones

viernes, 23 de julio 2010
Cómo afrontar la falsa doctrina I

Robert J. Sheehan

Si hemos de afrontar la falsa enseñanza en la iglesia moderna, hemos de conocer la verdad. Nuestro conocimiento de la verdad debe ser minucioso.

Nuestra explicación de la verdad debe ser amante y clara. Nuestra aprehensión de la verdad debe ser firme.

Aquello que se entiende poco y se cree a medias difícilmente se defenderá con denuedo ante los que enseñan el error.

Conocimiento de uno mismo

Necesitamos conocernos a nosotros mismos. Nos resulta muy fácil pensar que estamos contendiendo por la verdad, cuando simplemente estamos contendiendo por nosotros mismos. Es fácil que surja un espíritu sectario por el que busquemos defender las confesiones de nuestro sector de la iglesia cristiana en particular, sin someter dichas confesiones al escrutinio de la Palabra de Dios.

C.H. Spurgeon era consciente de este tipo de problema en sus tiempos. Habló del arminiano que temía ir una pulgada más allá de Arminio o Wesley, o el calvinista que hacía referencia a John Gill o Juan Calvino como la autoridad suprema. Argumentaba:

“Es hora de romper los sistemas y que haya suficiente gracia en todos nuestros corazones para creer todo lo que se enseña en la Palabra de Dios, tanto si lo enseñó cualquiera de aquellos hombres como si no. Buscamos mantener la verdad. No hacemos diferencia alguna entre alta y baja doctrina. Si no está en la Palabra de Dios, ¡fuera con ella, fuera con ella! Pero si está en la Palabra, ya sea aceptable o inaceptable, sistemática o desordenada, yo la creo”.

El calvinismo de C.H. Spurgeon es, desde luego, bien conocido, pero su interés estaba dirigido a defender la verdad de Dios como se encuentra en las Escrituras, y no atarla por la formulación de esa verdad que habían hecho los hombres y que puede estar equivocada.

El conocimiento de uno mismo es necesario no sólo porque estamos inclinados a defender nuestras tradiciones antes que la Palabra de Dios, sino porque puede haber una gran atención dentro de nosotros hacia lo novedoso.

La época en que vivimos es de una gran inestabilidad. Las estructuras de la sociedad y la autoridad que existe en el mundo como lo conocemos están siendo cuestionadas, atacadas y desmoronadas. Existe, por tanto, un deseo consecuente por parte de muchos cristianos de tener cosas emocionantes, nuevas y diferentes, abandonar las sendas antiguas tan sabidas por cosas que parecen más atractivas y brillantes. Si hemos de defender la verdad, hemos de tener cuidado de defender la sola Palabra de Dios, y no simplemente nuestras fórmulas tradicionales o nuestra última novedad.

Eclesiología

Al tratar de aplicar estos principios, debemos reconocer la divergencia que existe entre la eclesiología del Nuevo Testamento y la que se encuentra en el mundo moderno.

Algunas estructuras eclesiásticas modernas están tan alejadas del Nuevo Testamento, que aquellos que las propugnan ni siquiera tratan de encontrar una justificación bíblica. Consideran la estructura eclesiástica como un asunto indiferente que se deja que cada uno resuelva por sí mismo.

Otros tratan de hacer derivar sus estructuras del Nuevo Testamento y, en general, han formado dos tipos de estructura eclesiástica. Tanto los presbiterianos como los independientes organizados han optado por un tipo de relación entre congregaciones que consiste en algún tipo de estructura formal. El peligro, desde luego, de este tipo de relación estructurada entre iglesias es que conduce a una mentalidad de grupo, y que el grupo se vuelve autodefensivo e insular.

Por otra parte, existen aquellos independientes que han enfatizado de tal manera la soberanía de la iglesia local, que tienden hacia el aislacionismo; no sienten una responsabilidad práctica sustancial con respecto a cualquier otra iglesia.

Tanto la estructura eclesiástica formal como la aislada parecen ser contrarias al modelo ideal del Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento busca una interdependencia en la que cada congregación tiene responsabilidades mutuas para con las demás. Esto se ve en el Nuevo Testamento, donde había un ministerio de beneficencia, donde había una implicación mutua en la obra de las misiones, en la defensa de la fe, donde los predicadores viajaban de congregación en congregación y ministraban la Palabra, etc. (Hechos 11;13;14;15).

Como hemos visto al establecer los principios, los procedimientos neotestamentarios de oposición al error tuvieron lugar dentro del contexto o bien de la congregación local, o de las congregaciones actuando concertadamente. Las Escrituras no establecen procedimientos disciplinarios para denominaciones u organizaciones extraeclesiales, puesto que tales cosas ni se requerían ni se contemplaban. El lugar para defender la verdad y mantenerla contra el error es la iglesia local y la comunión de las iglesias locales.

Discernimiento espiritual

La aplicación de estos principios requiere bastante discernimiento espiritual.

Se ha hecho una distinción entre diferentes tipos de error, si bien, básicamente, hay sólo dos tipos de personas erradas. Existen aquellos que se someten a los apóstoles, pero que por alguna razón no hacen lo que los apóstoles dijeron; y existen aquellos que no se someten a los apóstoles. Los que son bíblicamente sumisos, pero están errados, y los que son bíblicamente subversivos y, por tanto, están errados.

Se necesita discernimiento espiritual para poder distinguir entre estos tipos de persona. Es totalmente impropio de un evangélico sumiso a la Palabra de Dios que hable de otro evangélico igualmente sumiso a la Palabra de Dios como si fuera un subversivo propagador del error.

Una ilustración de esto puede verse en las diferencias que existen entre los miembros del Consejo Evangélico Británico con respecto al bautismo. Los bautistas creen que el que bautiza infantes no está obedeciendo las Escrituras con respecto al bautismo de creyentes.

Sin embargo, es totalmente erróneo que condene al que bautiza infantes como si fuera un pervertidor desobediente y obcecado de la Escritura. Tiene que reconocerse que entiende mal la Escritura en la opinión del bautista, pero que este malentendido necesita discusión, y el hermano debe ser ganado en lugar de condenado.

También, en una situación moderna, los problemas del Movimiento Carismático requieren un gran discernimiento. Debe trazarse una distinción entre aquellos carismáticos que son básicamente sumisos a la Palabra de Dios y buscan guiarse por ella, y los que reconocen una autoridad y revelación fuera de la Palabra de Dios y que, por tanto, no se someten a la misma.

Liderazgo

Dentro de la congregación local y las comunidades de congregaciones debe haber un liderazgo fuerte; la clase de liderazgo que fomenta la verdad, que fortalece a los débiles y que cierra las bocas de los que propagan el error.

Una de las características más notables del evangelismo moderno es el fracaso de sus dirigentes. Los dirigentes de las iglesias vacilan a menudo en cuanto a defender la verdad y manifestarse en contra del error.

Nunca en Gran Bretaña me ha advertido nadie para quien haya predicado que debería tener cuidado con lo que predico. Sólo en países del tercer mundo se me ha hecho tal advertencia. En uno de tales países se me daba la bienvenida si predicaba las doctrinas de la gracia según se me reputaba. En otro país se me dio la bienvenida para predicar, tanto en cuanto predicara la verdad. El pastor me advirtió que un idiota podía deshacer mucho de su obra, ¡y no quería que tal persona fuera yo!

Ahora bien, aunque tales afirmaciones puedan parecer más bien extremas y fuertes, sin embargo, manifiestan un genuino deseo por parte de los pastores de aquellas iglesias de que sus iglesias no se vean subvertidas o socavadas. Mientras que el liderazgo en Gran Bretaña desearía ser un poco más cortés, no debería ser menos fuerte.

Predicadores autorizados

Las iglesias deberían tener cuidado en cuanto a quiénes autorizan a predicar la Palabra, tanto entre ellas como en otros lugares. Vimos en Hechos 15 que fueron predicadores no autorizados ni enviados por la iglesia de Jerusalén los que causaron tales estragos en Antioquía. Muchas de nuestras iglesias han sufrido a causa de la ignorancia y el error de predicar la Palabra por afición en vez de por vocación. No debe sorprendernos que la gente oiga opiniones extrañas y fantasiosas si enviamos o recibimos a quienes no tienen una preparación adecuada ni la autorización de sus propias iglesias.

Cortesía de Nueva Reforma. Derechos Reservados. Publicado con permiso.

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